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CIUDAD DE MÉXICO, 17 de Julio.- El sol cayó a plomo ayer sobre una Ciudad de México que abrió sus arterias de asfalto para que El Rey del Jaripeo diera su última cabalgata. Sin embargo, esta vez no fue uno de sus preciados equinos el que transportó a Joan Sebastian sino una lujosa carroza, plateada, de la marca Rolls Royce, con vestiduras de piel negra en señal de luto por la reciente partida del tan querido Poeta del Pueblo.

José Manuel Figueroa, hijo del fallecido compositor, compartió, sereno, sin lágrimas, que la decisión de llevar a pasear el cuerpo de su padre por la capital es porque quería que su gente lo despidiera como se merece.

“El cariño y la admiración por la música y la voz, y los años de trayectoria de mi padre han sido tan grandes y abundantes que esto se nos ha salido de control. Hemos decidido darle una despedida, que exige el pueblo de la Ciudad de México.

“La Gran Tenochtitlán quiere despedirse de mi padre por eso hemos decidido dar un recorrido con él, para que la gente que quiere verlo o cantar sus canciones lo pueda hacer”, dijo el también cantante en el Centro Cultural Roberto Cantoral, donde la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) organizó un último adiós a su amigo.

La procesión dio inicio a las 15:35 horas. Figueroa había compartido que don Vicente Fernández llegaría a montar una guardia, pero el Charro de Huentitán jamás llegó.

Sin más demoras el féretro de madera con el cuerpo del cantante salió. Un grupo de hombres con traje negro hizo los honores de llevarlo en hombros por una vereda de cemento, custodiada por elementos de seguridad y seguidores que acudieron al homenaje.

A su transitar llovieron rosas, pétalos; algunas señoras no contuvieron las lágrimas.

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“¡Joan, jamás te irás!”

“¡Joan, jamás te irás! ¡Siempre estarás vivo para nosotros!”, gritó una señora mientras el ataúd pasaba frente a sus ojos y lo registraba con un celular.  Algunos no soportaron la partida del cantante, entre ellos una mujer cuya presión bajó y fue atendida por paramédicos con botiquines de emergencia. Sin más tragedias que reportar.

Detrás de la marcha fúnebre, 12 integrantes del Mariachi Juvenil de México, escurriendo en sudor, pero sin perder la elegancia, armonizaron el momento devastador con las mejores piezas del autor.

Sentimental y Juliantla, persiguieron a su autor hasta que llegó a la carroza que lo cargó. Poco a poco se alejó, con algunas flores sobre el techo, la voz del público replicando los versos de las letras interpretadas y rebasando un arreglo enviado por Marco Antonio Muñiz y su familia.

A las 15:50 horas, las puertas del Centro Cultural Roberto Cantoral se abrieron y el automóvil se alejó, custodiado por seis potros de la Policía de Tránsito Capitalina, y un convoy de camionetas que fue ocupado por los familiares de Sebastian, entre ellos, sus hijos, José Manuel Figueroa y Julián, así como su hermano Juan Marcos.

Sebastian tomó una ruta que comenzó por Avenida Universidad, llegó a Eje Central hasta desembocar en la Plaza Garibaldi, un lugar de tradición. El camino continuaría hasta Paseo de la Reforma y se incorporaría a Avenida Insurgentes, donde tomarían la salida a Cuernavaca. Así serían los últimos minutos de Sebastian en el corazón del país, de acuerdo con su hijo.

Sin embargo, las despedidas aún no terminan, pues hoy continúan en Juliantla.

Hoy último día de duelo

“Me llena el alma y el corazón todo este cariño desbordado. Mañana (hoy) tendremos una misa de cuerpo presente en Juliantla, porque la gente de allá tuvo un detalle espectacular con mi padre: ayer (miércoles) hicieron una procesión caminando hasta Cuernavaca con la Virgen de La Candelaria.

“Fueron a rezarle un rosario a mi padre. Llegaron a la medianoche y se fueron a las dos de la mañana, entonces vi necesario llevarlo a Juliantla y después a Taxco”, explicó José Manuel Figueroa, quien aún no aseguró si el cuerpo de su progenitor será cremado.

Adiós, Popular

La familia de Joan Sebastian no cerró las puertas al querido pueblo de su padre. Para dar el último adiós, de cuerpo presente, abrieron ayer las puertas a todos sus seguidores que quisieran despedir al cantante en el Centro Cultural Roberto Cantoral.

De acuerdo con personal de seguridad, fueron más de tres mil 500 personas que arribaron, desde las 10:00 de la mañana, a rendir honores a su máximo ídolo.

El dolor no era ajeno en los seguidores del originario de Juliantla, pues muchas personas quebraron en llanto. La señora Ana María y su hijo Mario, le lloraron como si fuera de su familia. “No puedo creer que se haya ido mi Joan, mi luz de la vida, el que nos dio canciones de amor y vida”, gritaba una señora.

Carteles con leyendas, ramos de flores, fotografías adquiridas por 20 y 10 pesos en las afueras del lugar, fueron los regalos que el público dejó sobre un retrato de su poeta, colocado al ingreso de la sala.

Manzanero hace los honores

El féretro llegó a las 11:00 de la mañana. El pequeño Julián, con cara de desvelo, cansancio y tristeza, ayudó a cargar el cajón. El camino fue dirigido por Armando Manzanero, quien hizo los honores de mostrar el camino a su amigo. El último escenario que compartirían en este mundo.

“En una ocasión llegó Joan aquí a la Sociedad (SACM) y me dijo ‘ya no sé como decirte: si Manzanero o primo’ (en alusión de que su esposa era prima de Sebastian). Hace un año tuvimos la oportunidad de cenar con él en Aguascalientes. Nos sentamos en la mesa y fue una de las cenas muy anticipadas.

“Nos comentó que ya había luchado demasiado. La gente no debe despedirse porque nos veremos después. Quiero que sepan que él pidió estar solo a la hora de partir, mucha gente cercana piensa que lo descuidó, pero él, como los hombres, quiso estar solo a la hora de partir para no lastimar a los que ama”, dijo Manzanero, quien agregó  que aún no hay planes para un homenaje a su fallecido amigo.

Dentro de la sala, donde permaneció el cuerpo de Joan, José Manuel Figueroa agradeció la presencia de la gente y, junto a su hermano Julián, Manzanero, Martín Urieta y Roberto Cantoral Zucchi montaron la primera guardia junto al féretro.

La gente no guardó silencio. Sus corazones estaban dolidos y para aliviarlos recordaron al intérprete con fragmentos de sus canciones El peor de tus antojos y Sembrador de Amor.

Una misa de una hora, ofrecida por el padre Genaro Chávez, de la iglesia San Jacinto, fue escuchada por amigos cercanos como Yuri, Ana Bárbara, Pedro Fernández y Maribel Guardia.

El altar de Joan fue adornado con una fotografía, cuatro veladoras y 12 arreglos florales. Diego Verdaguer fue el último en llegar antes de que Joan se fuera en su carroza.

Fuente: Función 

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